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29 julio, 2019

‘Itinerarios comunes’ tejidos desde el MediaLab-Prado de Madrid

Itinerarios Comunes en Medialab Prado explora la intersección entre cultura, tecnología y sociedad.

Desde su experiencia en el MediaLab-Prado de Madrid, Antonio Lafuente nos enseña en la novedad de septiembre Itinerarios comunes los procesos de creación de conocimiento comunitario: una nueva forma de pensar, de relacionarse, de aprender y desaprender para, finalmente, crear. El «procomún» puesto en práctica.

Pasar «de la protesta a la propuesta», y hacerlo de forma comunitaria: abierta a cualquier persona interesada, integrando puntos de vista sin necesidad de consenso, abrazando la heterogeneidad, la incertidumbre y el fracaso. Poner el énfasis en el proceso y no en los resultados, siempre cambiantes, siempre mejorables, prototipo tras prototipo. Esta es la práctica de ‘lo común’: comunidad, política participativa y creación de conocimiento en una renovada visión del mundo.

Desde el movimiento 15-M en 2011, el interés por la literatura política sobre ‘lo común’ no ha dejado de aumentar. A diferencia de otras obras de corte académico, este libro se aleja de la teoría para centrarse en la(s) praxis de lo que el autor denomina el «procomún»: lo que se hace «en provecho de todos». La obra nace de la voluntad de compartir las enseñanzas adquiridas a partir de multitud de experiencias concretas que tomaron forma en el laboratorio ciudadano del MediaLab-Prado, del que Lafuente fue director desde sus inicios y al que esta obra, de alguna forma, rinde homenaje. En palabras del autor:

«Queríamos volver a plantear la necesidad de abrir la escuela. Queríamos que dicha apertura no la diseñaran los pedagogos, sino los visionarios del tobogán y los emprendedores de las plazas. Queríamos que fueran los niños y los activistas los promotores del cambio. Queríamos que esa conversación no se demorara y que fuera garantizada por nuestras maestras. Queríamos homenajearlas otra vez y decirles que siempre confiaremos en ellas. Queríamos también reconocer la deuda que tenemos con los activistas de todos los tiempos, luchas y lugares. Queríamos decirles a quienes llegaron hasta aquí que esa conversación no es una ocurrencia febril de última hora. Quería compartir que todo esto que les he contado lo aprendí en MediaLad-Prado y que funciona. Quería, en fin, homenajear también a una institución hoy amenazada en Madrid y que merece toda nuestra admiración

 

El MediaLab-Prado, epítome de lo común

La RAE define el término ‘epítome’ como «ejemplo ideal o paradigmático de una cosa», que es exactamente lo que representa el MediaLab-Prado de Madrid respecto a las prácticas de lo común. Tras los capítulos iniciales que proporcionan un glosario de términos y definiciones del procomún, los bienes comunes y un mundo común a modo de mapa conceptual, con sus principios y mecanismos propios, Lafuente dedica gran parte del libro a celebrar la experiencia de los laboratorios ciudadanos creados en este equipamiento municipal de Madrid inaugurado en 2006 y que, una década más tarde, en 2016, fue elegida institución cultural de referencia en Europa. El MediaLab-Prado fue, desde sus inicios, campo de prácticas de lo común.

«La gente preguntaba qué era eso de MediaLab-Prado», admite Lafuente, al relatar los primeros pasos de este centro que contó desde el primer momento con la complicidad de hackers y otros actores cívicos, una amalgama heterogénea que compartía la determinación de cambiar las cosas en base al bien común o ‘en provecho de todos’.  «Nuestra respuesta, tras muchas horas de discusión abierta, acabó siendo simple: un taller de prototipado.» Y sigue:

«La heterogeneidad de los participantes nos obligaba a configurarnos como una comunidad de aprendizaje y, en consecuencia, nuestra primera tarea era generar un lenguaje común, un espacio donde fuera posible el diálogo, un lugar donde la convivencia tomara asiento. No tardamos mucho en descubrir que los prototipos que queríamos producir solo eran posibles porque previamente habíamos creado ese espacio común. No eran hijos nuestros, sino que la ecuación debía escribirse a la inversa: nosotros éramos hijos del prototipo. También descubrimos que el prototipo era emergente, no tenía autor ni era fruto de un descubrimiento individual. Y así fue como logramos nuestro mayor hallazgo: descubrir que estábamos construyendo una incubadora de comunidades y no una fábrica de startups

Itinerarios Comunes en Medialab Prado: espacio de cultura y tecnología
Imagen de MediaLab-Prado

La obra, finalmente, es una compilación necesaria –a modo de recordatorio– de los principios y prácticas de lo común: de su complejidad (basada en la innovación, la experimentación y la participación, la heterogeneidad de sus actores, la precariedad de los medios, su carácter inacabado y siempre mejorable) y de su potencial transformador. A pesar de que la noción de ‘bien común’ es tan antigua como la humanidad, el siglo XXI se está definiendo como el tiempo en que las prácticas –conscientes– de lo común han devenido una necesidad para cambiar el mundo.

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